El sifogrante que todos llevamos dentro
0Por: Daniel Marcos y José Luis Andrade.
En la isla utópica de Tomás Moro, existe la figura del Sifogrante, magistrado elegido por cada familia cuya principal función es procurar que nadie se encuentre ocioso en aquella comunidad ideal, que todos ejerciten a conciencia su oficio para obtener beneficios comunes… quizás por eso el libro se llama Utopía.
Este año celebraremos 200 años de independencia y 100 de revolución, las preguntas obligadas son ¿independencia de qué o de quién?, ¿revolución? ¿cuándo fue?; ojalá tuviéramos sino un Sifogrante sí una alarma que nos llamara la atención acerca del valioso tiempo que podemos estar desperdiciando en tanto no estemos enfocados en lo que mejor sabemos hacer como país, como comunidad y en lo personal. Si todos aprovecháramos lo que de forma individual y en conjunto podemos sacar de nuestras mentes, seguramente crearíamos nuevas y mejores condiciones, podríamos revolucionar y, con ello, entonces sí, ganar nuestra independencia.
Si debía existir un tiempo propicio para entender la importancia de emprender, es éste, si debía haber un mejor lugar para hacerlo, es aquí. En nuestro continente nacimos revolucionarios pero al parecer lo hemos olvidado, nos hemos quedado esperando lo que venga de otros países para adoptarlo con inmediatez, lo cual de suyo no es malo, pero no es la única forma ni por mucho la más efectiva para crecer. Vivimos en un lado del mundo donde podemos hacer historia, donde tenemos todo para innovar y crear ese 90% de productos y servicios que demandarán los mercados de mañana en la mañana y que aún no son inventados.
Podemos generar ideas y convertirlas en sistemas viables generadores de beneficios comunes. No hay fórmulas, no hay instructivos, pero el Sifogrante que todos llevamos dentro bien puede darnos algunas recomendaciones:
Identifica tu pasión: Es triste ver a gente que no disfruta lo que hace. Un emprendedor ama lo que hace tan solo porque lo ha elegido, ha tenido ese poder que de forma singular le asiste para ir hacia delante. Nunca le causará molestia dar un 10% más de lo que da el resto.
Ten una visión: Dicen que hay dos mundos: el que existe y el de las preguntas que pueden cambiarlo. Un emprendedor siempre cree que puede mejorar la forma en la que se hacen tradicionalmente las cosas y, cuando lo encuentra, ejecuta con prontitud.
Busca algo en lo que puedas ser el número uno: Quizás tu mayor arma a la vez que tu kriptonita. Los emprendedores nunca están a gusto quedándose como espectadores, son autores que crean proyectos de beneficio común, que trabajan constantemente con la inquietud de generar más. La administración no es precisamente su fuerte y no porque no sepan llevarla, sino porque su función principal es ir por nuevas conquistas, su herramienta es una brújula, no un mapa. Liderazgo, en su razón más pura, es ser el número uno; zanahoria y espuela para un emprendedor, nada menos y sí mucho más.
Sé persistente: Bien y a la primera no sale jamás, un emprendedor lo descubre muy pronto. Se necesita mente pero también mucho estómago para aguantar las presiones que impone el camino, sucede con los negocios, sucede en la familia y con cualquier proyecto personal, no pain no gain dicen los futbolistas entre cada yarda que ganan. Emprender no tiene por qué se incómodo pero lo más seguro es que te encuentres con muchas contrariedades que pongan a prueba tu resolución. No te preocupes, encontrar múltiples soluciones a un mismo problema es parte de una naturaleza de un emprendedor.
Confía en ti: Los emprendedores son capaces de escuchar al Sifogrante interior que les empuja a ejecutar el mejor de sus oficios posibles al tiempo que toman consejos externos que enriquecen sus resultados. Identifica y encausa tu potencial.
Sé tolerante: Acepta la incertidumbre del futuro, si nunca has estado ahí no hay forma en que sepas cómo será.
Todo mundo podemos hacer lo que queramos pero, si nos equivocamos o si tomamos la ruta fácil, quizás terminemos haciendo todos los días algo que no queremos o amamos. Haz lo tuyo; a un mundo que no necesita que se le cuide sino que se le reconstruya le vendrá muy bien tu innovación. Decía Peter Drucker que no hay nada más triste que hacer muy bien algo que no tenía por qué hacerse, equivale a dedicar tiempo de nuestras vidas a pintar muy bien una pared que, al final de la hazaña, no era la que debía pintarse.






















